Optimizar la limpieza de oficinas parte por segmentar espacios y definir frecuencias.
Las zonas de alta rotación (baños, cafeterías, accesos) requieren atención diaria o varias veces al día;
las operativas (puestos de trabajo, salas de reunión) demandan limpieza diaria y desinfección semanal de puntos de alto contacto;
las de baja rotación (bodegas, archivos) pueden atenderse de forma semanal o quincenal.
Medir resultados con KPIs sencillos ayuda a mantener la calidad:
cumplimiento de checklist, tiempos de respuesta a incidencias, auditorías de calidad y evolución de reclamos por área.
Con esa visibilidad se ajustan horarios y rutas para ganar eficiencia.
Elegir insumos certificados, respetar diluciones, usar EPP y capacitar al personal es esencial para proteger a las personas y las superficies.
Pequeñas acciones generan grandes mejoras: paños codificados por color, protectores de piso en muebles móviles y programar lavado de vidrios o alfombras fuera de horario para no interrumpir la operación.